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Prácticamente todas las personas han notado los latidos del corazón en algún momento de su vida. Las sensaciones que producen las palpitaciones son descritas por los pacientes de muchas formas. Algunos notan latidos fuertes en la zona del corazón, en el cuello o en la cabeza. Otros refieren latidos en los oídos, sensación de vacío, golpes bruscos en el pecho, pulso rápido o latidos cardiacos irregulares. En la mayoría de los casos, las palpitaciones son causadas por las contracciones normales del corazón, sin que exista alteración alguna. Muchas veces son consecuencia de una frecuencia cardiaca baja o alta, pero sin existir un ritmo anormal. En otros casos, sin embargo, se trata de verdaderas arritmias.
El lugar de inicio del impulso eléctrico normal del corazón es el nodo sinusal, que se encuentra en la parte alta de la aurícula derecha. Desde este nodo, la electricidad se extiende por el resto del corazón para producir la contracción cardiaca. La frecuencia de despolarización del nodo sinusal viene determinada por la acción de ciertas hormonas que circulan en la sangre, sobre todo adrenalina, y de dos nervios: el simpático y el parasimpático. El simpático hace que el corazón lata más deprisa mientras que el parasimpático hace que vaya más lento. El equilibrio entre la acción de ambos nervios determina en gran medida la frecuencia cardiaca. Hay personas que tienen tendencia a una frecuencia cardiaca algo elevada (se denomina taquicardia cuando es mayor de 100 latidos por minuto) mientras que otras tienen frecuencias lentas (se denomina bradicardia cuando es menor de 60 latidos por minuto). Las personas con disfunción nerviosa suelen ser ansiosas y presentan palpitaciones por frecuencia cardiaca elevada. Es lo que se denomina taquicardia sinusal inapropiada. Ésta es relativamente frecuente en personas jóvenes y en ella el impulso eléctrico del corazón se origina y se distribuye con normalidad, pero a una frecuencia que no es acorde a la situación del individuo (va más rápido de lo necesario). Esta taquicardia no se considera una verdadera arritmia, aunque en algunas personas es tan molesta que obliga a indicar un tratamiento antiarrítmico. En todo caso, el paciente debe quedarse tranquilo porque no supone riesgo alguno. En otras ocasiones, las palpitaciones son causadas por verdaderas arritmias, sobre todo taquicardia supraventricular y fibrilación auricular. En estos casos, los pacientes son habitualmente tratados con fármacos antiarrítmicos. Algunos incluso pueden necesitar procedimientos internos, generalmente mediante catéteres, para eliminar el foco del corazón que produce o conduce la arritmia. En todo caso, toda persona con palpitaciones debe ser sometida a un estudio cardiológico completo antes de tomarse cualquier actitud terapéutica. |